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Solo el 66% de las mujeres en Latinoamérica tiene una cuenta bancaria, frente al 74% de los hombres, según datos recientes de CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe). Ocho puntos porcentuales que no se explican por falta de infraestructura digital: la banca móvil y las billeteras electrónicas crecieron a un ritmo histórico en la región y la brecha, aun así, no se cerró. Para el cooperativismo financiero, ese dato no es una nota social al margen del negocio. Es la descripción exacta de un mercado enorme que la banca tradicional sigue sin atender bien.
Durante la última década, la promesa de la banca digital fue que la infraestructura física dejaría de ser el obstáculo: sin sucursal cerca, sin fila, sin horario de oficina, cualquiera podría abrir una cuenta desde su teléfono. Y en gran medida, esa promesa se cumplió — pero no de forma pareja. La brecha de género en bancarización sigue en 8 puntos porcentuales, lo que confirma que el problema nunca fue solo de infraestructura.
Las mujeres en la región participan de forma desproporcionada en la economía informal y del cuidado: ingresos variables, sin comprobante fijo, sin historial crediticio tradicional. Los productos financieros diseñados para un ingreso mensual estable y un expediente de KYC convencional simplemente no calzan con esa realidad — y el resultado es que millones de mujeres siguen operando por fuera del sistema financiero formal, aunque tengan un teléfono con acceso a internet en la mano.
| Dimensión | Modelo estándar | Modelo orientado a inclusión |
|---|---|---|
| Evaluación de ingreso | Exige comprobante fijo y estabilidad laboral formal | Modelos alternativos para ingreso variable e informal |
| Apertura de cuenta (KYC) | Expediente extenso, presencial, con múltiples documentos | KYC simplificado y digital, con acompañamiento asistido |
| Canal de atención | Sucursal u operador digital genérico, sin cercanía comunitaria | Agentes comunitarios, WhatsApp y puntos de bajo umbral |
| Confianza y educación financiera | Se asume que el socio ya sabe navegar el producto | Alianzas comunitarias y educación financiera dirigida |
“El 34% de las mujeres en Latinoamérica que sigue sin cuenta bancaria no está esperando más tecnología. Está esperando un producto financiero diseñado para su realidad, no para la de un cliente promedio que no existe.”
Ahorro y crédito diseñados para la economía del cuidado y la informalidad, no solo para la nómina fija.
Un proceso de apertura de cuenta digital, ágil y acompañado, que no exige el expediente de un crédito hipotecario.
Agentes comunitarios, WhatsApp y puntos móviles que reducen la fricción de llegar hasta una oficina.
Educación financiera dirigida, con organizaciones locales de confianza, para construir el hábito, no solo la cuenta.
Porque el obstáculo dejó de ser solo tecnológico. Los productos financieros siguen diseñados para un perfil de ingreso estable y un expediente de KYC convencional, que no refleja cómo generan y reciben ingresos millones de mujeres en la economía informal y del cuidado.
Porque describe un segmento amplio de clientes potenciales, con capacidad de ahorro y necesidad real de crédito, que la banca tradicional atiende de forma insuficiente. La institución que ajuste su producto y su canal a esa realidad captura una cartera que hoy queda fuera del sistema formal.
Sí. Las cooperativas y cajas populares suelen tener presencia local y cercanía comunitaria que la banca masiva no replica fácilmente. Esa cercanía, combinada con procesos digitales de apertura y evaluación de riesgo ajustados a ingresos informales, es la base para cerrar la brecha de forma rentable.
Por revisar sus criterios de evaluación de riesgo y KYC para identificar en qué punto excluyen, sin proponérselo, a un socio con ingreso variable — y por diseñar un canal de atención de bajo umbral apoyado en agentes comunitarios y mensajería, en vez de depender solo de la sucursal física.
En Sivoz acompañamos a cooperativas y financieras a rediseñar sus criterios de riesgo, KYC y canales de atención para atender de forma rentable a los socios que la banca tradicional sigue dejando fuera del sistema formal.